EL FUTBOLISTA SERGIO RAMOS PROTAGONIZA EL BOCHORNO MUSICAL DEL AÑO
Parece que al ex jugador del Real Madrid le ha dado por sufrir del síndrome típico de famoso que cree que por ser bueno en una cosa el mundo está deseando oírle cantar. Ya pasó con Jesulín de Ubrique, Dinio, Belén Esteban, Karmele Marchante, Víctor Sandoval, María Teresa Campos con Bigote Arrocet... Lo peor de todo es que él se creerá una suerte de nuevo C Tangana o Kanye West, pero las críticas a su intromisión musical no han podido ser más contundentes y unánimes.
Su "obra maestra", a la que ha titulado pomposamente 'CIBELES' es un engendro pseudo tropical que suena exactamente como te imaginas: la canción genérica que ponen de fondo en una telecompra de viajes a Punta Cana. Por suerte para los oyentes, no canta tanto como susurra con una voz tan plana y robótica que es evidente que ha abusado del autotune, hasta destrozarlo.
La letra es un panfleto de auto-homenaje tan sutil como una entrada por la espalda. Dice que es para una mujer, pero en realidad es una canción de amor para… ¡él mismo y su etapa en el equipo merengue! El colmo del capricho: poner a llorar a la estatua de Cibeles en el vídeo. Porque si algo le gusta a Ramos es dramatizar, aunque sea una fuente.
La prueba definitiva de que esto es un puro capricho ególatra está en los números: 1,5 millones de visualizaciones en YouTube (gente que clicó por morbo de verle hacer el ridículo) frente a unas míseras 50.000 en Spotify (los pobres incautos que realmente querían escuchar la cosa). La gente prefiere verle calladito en un vídeo que oírle "cantar".
Y por si fuera poco, ha destapado la gran mentira: en su playlist de influencias no hay reggaetón ni temas tropicales, sino los baladones más trillados de los 90, que suponemos escuchaba en la furgoneta camino del entrenamiento: Bon Jovi, Laura Pausini, Extreme, Aerosmith… Vamos, que su inspiración real es la banda sonora de una boda de 1998, añadiendo un poco de flamenquito (El Barrio, Niña Pastori, Dieguito el Cigala...) o flamencazo (Camarón de la Isla).
En resumen: el hombre que hizo llorar a medio mundo del fútbol ahora se dedica a hacer llorar a medio mundo de la música. Su sueño: pasar de llenar el Bernabéu o el Olympia de París a… bueno, a no llenar ni la terraza de un chiringuito. Kiko Rivera seguro le espera para que lo telonee. ¡Suerte en eso, campeón!